Impetuosa realidad, así es la realidad que me acompaña en la congoja del silencio, un silencio húmedo y frío, que llama a las ganas de volar, de escapar, de correr lejos de esta caja de fósforos... Sin virtudes ni defectos, así... sin nada, me enfrento a la pugna diaria del ser o no ser, como lo pensaron hace diez décadas o antes, y vuelve a mi esa idea, la idea de no saber que ser, de no saber a donde ir, de no saber que sentir... y, me quedo en lo ultimo, cómo no saber eso... eso que es tan mío, tan personal... Fácil, porque el ser humano nunca escucha realmente su corazón, siempre escucha las palabras de los otros y esos otros las nuestras.
Qué queda... Nada solo, palabras. Y, ahí estamos luchando en no sentir, y queriendo eternamente, sentir... Al fin, el conflicto se soluciona siempre teniendo una duda... incandescente e inamovible en nuestro interior. Así somos, animales que se autoprohíben ser quienes quieren ser... amando cosas que no tienen sentido y queriendo ser algo que somos, pero que ocultamos por miedo a que nos juzguen y nos quieran cambiar... pero lo que siempre pasamos por alto... es que en realidad... somos nosotros mismos quienes no dejamos que nuestra esencia salga y nos quedamos siendo... solo títeres del destino.


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